Cada niño nace con derechos. No se otorgan: se reconocen.

Desde 1989, la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas establece el marco legal más amplio y ratificado de la historia para proteger a la infancia. No es un documento simbólico: es un compromiso vinculante que los Estados asumen ante cada niña, niño y adolescente del mundo.

Estos derechos no existen de forma aislada. Se sostienen sobre cuatro principios fundamentales que guían cualquier acción, política o decisión que afecte a la infancia:

A nivel regional y nacional, estos principios se traducen en leyes, protocolos y sistemas de protección que buscan hacer efectivos derechos como la educación, la salud, la identidad, la familia y la protección frente a la violencia.

Conocer estos marcos no es solo tarea de juristas o especialistas. Es responsabilidad de familias, docentes, comunidades y gobiernos. Porque proteger a la infancia empieza por entender qué le corresponde a cada niño por el simple hecho de existir.